
Toda mi vida pensé que era torpe.
No
“Ay, qué distraído”
Sino nivel:
“¿CÓMO te golpeaste con la pared si la pared no se mueve?”
La pared sí se mueve.
Hacia mí.
A velocidades injustas.

“Ay, qué distraído”
“¿CÓMO te golpeaste con la pared si la pared no se mueve?”

Mi cerebro ve el mundo y dice:“Todo esto está bonito, pero ¿Qué es qué?”Y si no hay nombre… no hay paz.







Las fijaciones no gritan.Acompañan.

El amarillo no se posa en mis ojos:Irrumpe.No pregunta si estoy listo.No espera turno.

Durante mucho tiempo aprendí que sentir tenía que venir con una advertencia.

.jpg)

.jpg)

.jpg)



“Has cambiado.”

Casi siempre viene con buena intención, a veces incluso como un halago.
Pero nunca es neutra, porque “no parecer” suele significar que aprendí a adaptarme, a leer reglas invisibles, a copiar gestos, tonos y silencios hasta que el cuerpo se cansa… pero no se nota.
No parecer autista no significa que no lo sea, significa que el costo ocurre por dentro.
No parezco autista porque durante mucho tiempo, pasar desapercibido fue sinónimo de éxito.







