Nota importante antes de leer
Este texto habla de conductas de autolesión y consumo como formas de supervivencia. No busca promoverlas ni describir métodos; busca nombrar lo que pasó para dejar de cargarlo en silencio..jpg)
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Hubo años en los que no estaba viviendo.
No fue una etapa breve.
Fue una acumulación: cansancio, confusión, colapsos cada vez más frecuentes.
Cada vez más intensos.
Cada vez con menos recuperación.
Y cuando el cuerpo y la mente ya no pudieron sostenerlo, busqué salidas.
No soluciones.
Salidas.
Autolesiones: cuando el dolor se vuelve manejable
Hubo momentos en los que el dolor interno era tan difuso, tan constante,
que necesitaba algo concreto.
No porque quisiera dañarme, sino porque necesitaba sentir control.
El cuerpo se volvió el lugar donde podía decidir qué dolía, cuándo y por cuánto tiempo.
Intentos de irme: cuando desaparecer parecía descanso
Hubo momentos en los que no quería morir.
Quería dejar de existir así.
Dejar de sostener el ruido.
Dejar de fingir funcionalidad.
Dejar de agotarme.
Pensar en irme no nació de la impulsividad, nació del desgaste prolongado y de no encontrar un lugar donde poder bajar la guardia.
Sobreviví.
Y durante mucho tiempo,
ni yo mismo entendía cómo.
Alcohol: desaparecer un rato
El alcohol apareció como una promesa breve:
- Relajarme
- Aflojar
- Apagar el ruido
Por un rato funcionó, por un rato me perdía.
Pero perderme también tenía costo y el costo se acumulaba, igual que todo lo demás.
Nicotina: estabilidad prestada
Fumar se volvió rutina, una forma de sostenerme “bien”.
No para sentir placer, sino para no caer.
Hasta que me di cuenta del daño, la dependencia y de lo rápido que algo “funcional”
se convierte en ancla.
Buscar sentirme bien a toda costa
En mis peores momentos, la ansiedad por sentirme bien (Aunque fuera artificial) me llevó a mezclar cosas que no estaba listo para manejar.
No por curiosidad.
Por urgencia.
Quería silencio.
Quería alivio.
Quería que el cuerpo dejara de pelear conmigo.
Hoy no escribo esto para explicarme, ni para justificarlo, mucho menos para romantizarlo.
Lo escribo porque todo eso tuvo una causa.
No fue debilidad, fue supervivencia sin herramientas.
Vivir tantos años al borde me llevó a estrategias extremas porque no conocía otras formas de sostenerme.
Ahora sé algo que entonces no sabía:
No estaba roto.
Estaba sobrepasado.
Y nombrar esto no es volver ahí, es dejar de cargarlo solo.
Entender esto no borra el pasado pero me da algo que nunca tuve: una explicación que no me culpa.
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