enero 05, 2026

Sensorialidad: cuando el cuerpo opina primero


Hay cosas que mi cuerpo decide antes de que yo pueda pensarlas
  • No pasan por el filtro de la razón
  • no piden permiso
  • no se negocian
Simplemente ocurren.
  • Un sonido puede sentirse demasiado.
  • Una textura puede incomodar sin explicación.
  • Un sabor puede cambiar de un día a otro.
Y el cuerpo reacciona primero. La sensorialidad no es un gusto ni una preferencia, no es “me agrada” o “no me agrada”.

Es respuesta fisiológica.
Antes de que yo pueda decir “esto me molesta”, mi cuerpo ya está tenso.

  • Ya quiere huir.
  • Ya está cansado.
Eso es algo difícil de explicar, porque desde fuera parece exagerado. Pero no se trata de intensidad emocional, sino de umbral sensorial.

Hay estímulos que, por pequeños que parezcan, entran con demasiada fuerza y no llegan solos. El problema no suele ser una cosa aislada, sino la acumulación.
  • Un ruido constante.
  • Una luz incómoda.
  • Una textura que raspa.
  • Un sabor que no encaja.
Cada elemento suma, hasta que el cuerpo dice basta. Ahí es cuando algo “pequeño” agota tanto.
No porque sea grave en sí, sino porque llega cuando ya no hay margen.

En el TEA grado 1, la sensorialidad suele pasar desapercibida.

No siempre hay crisis visibles.
Muchas veces solo hay cansancio, irritabilidad o necesidad de aislarse y eso también es una respuesta sensorial.
Aprender a escuchar al cuerpo antes de que llegue al límite cambia la relación con uno mismo.
No para evitar todo estímulo, sino para reconocer cuándo el cuerpo ya habló.

Porque cuando el cuerpo opina primero, ignorar esa opinión tiene consecuencias.

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