
Hay cosas que mi cuerpo decide antes de que yo pueda pensarlas
- No pasan por el filtro de la razón
- no piden permiso
- no se negocian
- Un sonido puede sentirse demasiado.
- Una textura puede incomodar sin explicación.
- Un sabor puede cambiar de un día a otro.
Es respuesta fisiológica.
Antes de que yo pueda decir “esto me molesta”, mi cuerpo ya está tenso.
- Ya quiere huir.
- Ya está cansado.
Hay estímulos que, por pequeños que parezcan, entran con demasiada fuerza y no llegan solos. El problema no suele ser una cosa aislada, sino la acumulación.
No porque sea grave en sí, sino porque llega cuando ya no hay margen.
- Un ruido constante.
- Una luz incómoda.
- Una textura que raspa.
- Un sabor que no encaja.
No porque sea grave en sí, sino porque llega cuando ya no hay margen.
En el TEA grado 1, la sensorialidad suele pasar desapercibida.
Muchas veces solo hay cansancio, irritabilidad o necesidad de aislarse y eso también es una respuesta sensorial.
Aprender a escuchar al cuerpo antes de que llegue al límite cambia la relación con uno mismo.
No para evitar todo estímulo, sino para reconocer cuándo el cuerpo ya habló.
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