
Durante mucho tiempo, pensé que no había señales claras.
Que todo había sido “normal”.
Que simplemente me costaban un poco más las cosas.
- Cansancio constante.
- Hipersensibilidad que se llamaba “exageración”.
- Necesidad de aislarme después de socializar.
- Rigidez que se interpretaba como carácter.
- Son silenciosas.
- Internas.
- Se sostienen con esfuerzo.
- Se sostienen con adaptación.
Aprendí a adaptarme tan bien que incluso yo dejé de cuestionarlo.
- A cumplir.
- A ajustar mi ritmo al de los demás.
- A hacer “lo que se espera”, incluso cuando no entendía del todo cómo lo estaba logrando.
Si podía hacerlo, entonces debía hacerlo. Ese “puedo” se volvió la única medida.
Si podía ir, iba. Si podía aguantar, aguantaba.
Si podía adaptarme, lo hacía.
Si podía hacerlo, entonces debía hacerlo.
Si nadie más parecía tener problemas, entonces el problema era mío. Así, las señales se normalizan.
El problema es que adaptarse constantemente tiene un costo, uno que no se ve desde fuera. Es un cansancio que no se va durmiendo, una sensación de estar siempre sosteniendo algo.
Llegar al final del día sin energía, incluso para lo que te gusta, ese costo se acumula en silencio. Cuando nadie nota el esfuerzo, el cuerpo se convierte en el único lugar donde queda registro.
- Dolores difusos.
- Irritabilidad sin causa clara.
- Necesidad urgente de estar solo.
- Desconexión.
No porque no quieras estar, sino porque ya diste todo lo que tenías.
En el TEA grado 1, adaptarse suele confundirse con normalidad.
Como no hay crisis visibles, nadie imagina el esfuerzo que hay detrás y uno mismo aprende a no verlo. Hasta que deja de ser sostenible.
Reconocer estas señales después no es reproche, es contexto. No para cambiar el pasado, sino para entender por qué tantas cosas costaron lo que costaron.
Aprender a distinguir entre “puedo” y “debo” cambia la relación con uno mismo.
- Empieza a aparecer el límite.
- La elección.
- El cuidado.
- No todo lo que es posible es sostenible.
- No todo lo que otros esperan es obligatorio.
- Y adaptarse no debería implicar desaparecer.
Entender el costo invisible de adaptarse no es victimizarse, es empezar a tratarse con honestidad.
Funcionar no siempre significa estar bien, cumplir no siempre significa estar entero y escuchar ese cansancio, por primera vez, también es una forma de volver a uno mismo.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario