
Comencé a pensar que ser una persona TEA se parece mucho a ser una tortuga marina.
No por lo lento.
No por el caparazón.
Sino por el inicio.
Las tortugas no nacen en el agua.
Nacen enterradas.
Desde huevo.
En la oscuridad.
Antes de ver el mar, primero sienten presión, arena, dificultad para moverse.
No saben aún qué es el océano, pero su cuerpo ya está programado para él.
Y salir del cascarón no es bonito, no es suave.
Es esfuerzo desde el primer segundo de vida.
Muchas no lo logran.
No porque sean débiles, sino porque el entorno es hostil.
Y eso también es parte de la historia de muchas personas en el espectro.
Desde el huevo
Crecer siendo neurodivergente muchas veces se siente así:
- No entender por qué todo cuesta más.
- Sentir que algo es diferente sin tener palabras.
- Aprender a adaptarte antes de saber quién eres.
- Desde fuera, otros ya parecen estar “en el agua”.
Tú apenas estás rompiendo el cascarón y ese momento es solitario.
Porque nadie puede romper el huevo por ti, nadie puede caminar ese tramo exacto de arena en tu lugar.
La soledad de parecer “único”
Cuando eres una persona TEA, a veces se siente como si fueras la única tortuga en toda la playa. Como si tu forma de moverte, sentir, pensar, reaccionar, fuera rara, exagerada o incorrecta.
Pero si miras bien, hay más.
No siempre se ven, porque cada uno está en su propio recorrido.
Algunos ya están en el agua, otros siguen en la arena o apenas están saliendo del huevo.
No todos lo logran, y eso es una realidad que duele.
El camino no es igual de justo para todos.
Pero eso no convierte a los que siguen caminando en errores.
Los convierte en sobrevivientes de un entorno que no siempre fue amable.
Llegar al agua
Cuando una tortuga marina llega al mar, no significa que todo se vuelve fácil.
Significa que por fin está en su elemento y a veces la vida neurodivergente es eso:
- No volverte “normal”.
- No encajar en la arena.
Sino encontrar el océano donde tu forma de ser tiene sentido.
- Un interés que regula.
- Un espacio seguro.
- Personas que entienden.
- Un lenguaje para nombrarte.
No se trata de correr como los demás.
Se trata de llegar al agua con el cuerpo que tienes.
Resiliencia real
Resiliencia no es “no me afecta”.
Es seguir avanzando aunque la arena queme.
Aunque la memoria falle a veces.
Aunque el cansancio sea grande.
Aunque el mundo no esté diseñado para tu ritmo.
Las tortugas no llegan al océano porque el camino sea fácil.
Llegan porque siguen moviéndose.
No perfectas.
No rápidas.
Persistentes.
Y si a veces me siento solo…
No soy la única tortuga en esta playa.
Solo estoy caminando mi tramo y aunque no vea el océano todavía, mi sistema sabe que existe.
Porque no estoy roto, estoy en tránsito.
No estoy quedándome atrás.
Estoy cruzando la playa con el sistema que tengo.
me gusto mucho como usaste a las tortugas marinas como comparación con el TEA, un animal que lucha por su vida desde antes de nacer, al igual que una persona con neurodivergencia en la sociedad
ResponderBorrar