enero 08, 2026

La risa como escudo: humor como estrategia de supervivencia aprendida


Durante mucho tiempo, el humor fue una forma de salvarme.
No porque siempre entendiera los chistes, sino porque entendí rápido que reír era seguro.
  • Reír encajaba.
  • Reír descomprimía.
  • Reír evitaba preguntas.
Hay algo que no siempre se dice sobre el humor:
  • No siempre nace de la comprensión.
  • A veces nace del aprendizaje social.
  • Muchas veces no entendía el chiste completo.
  • O no entendía por qué era gracioso.
  • O llegaba tarde a la intención.

Pero la risa estaba ahí.
  • Automática.
  • Aprendida.
  • Funcional.
  • Reír para no quedar fuera.
  • Reír para no parecer serio.
  • Reír para que no notaran que estaba perdido.
Hubo momentos en los que reí
  • Cuando no debía.
  • Situaciones tensas.
  • Comentarios incómodos.
  • Bromas que no eran bromas.
No porque me parecieran graciosas, sino porque no supe leer el ambiente a tiempo.

La risa salía antes que el análisis.
Antes que la emoción real.
Antes que el cuerpo pudiera decir “esto no está bien”.

Con el tiempo, el humor dejó de ser solo una herramienta social y se volvió un camuflaje emocional.
Lo que dolía, se hacía chiste.
Lo que pesaba, se minimizaba.
Lo que no podía decirse en serio, se envolvía en un comentario casual.

No porque no importara, 
sino porque así dolía menos… al menos por fuera.
Hubo un punto en el que incluso el dolor más serio ntentó pasar por broma.
Decir “me hice piñata”.
Decirlo con risa, como si fuera una anécdota graciosa.
Restarle peso a algo que, en realidad, había sido un intento de desaparecer.
No porque no fuera grave sino porque no sabía cómo decirlo sin asustar.
  • Sin incomodar.
  • Sin romper el equilibrio.
  • El humor ahí no fue frivolidad.
Fue supervivencia.

Reírme antes de que me miraran fue una forma de tomar control.

Si yo hacía el chiste primero, nadie podía usarlo contra mí.
Si yo me minimizaba, nadie tenía que cargar con lo incómodo de verme mal.

Pero ese tipo de humor cobra factura porque lo que se convierte siempre en risa no encuentra espacio para ser sostenido en serio.
Hoy miro ese patrón con más cuidado.
No con vergüenza, con comprensión.
Ese humor no nació de la burla.
Nació del miedo a no ser entendido.
Y aunque me salvó muchas veces,  también me enseñó a esconder cuando lo que necesitaba
era ser escuchado sin chiste de por medio.

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