Una idea rara vez llega sola y en mi mente, una idea llama a otra, esa a otra distinta y esa última puede parecer completamente fuera de lugar para quien observa desde afuera. Pero para mí, hay una conexión.
No pienso en línea recta, pienso por asociaciones. Algo que escucho activa un recuerdo y ese recuerdo conecta con una imagen.
La imagen con una emoción.
La emoción con una pregunta distinta a la original.
Y así, sin darme cuenta, ya estoy en otro punto del mapa.
Desde fuera, eso puede verse como- Distracción.
- Irse por las ramas.
- No poder “mantener el hilo”.
Este tipo de pensamiento no es caótico, aunque lo parezca, tiene una lógica propia, pero no jerárquica. No responde al “primero esto, luego aquello”, sino al “esto se conecta con esto”.
Es pensamiento rizomático.
Como un rizoma, no crece hacia adelante: crece hacia los lados, hacia abajo, hacia donde encuentra sentido.
Puede reaparecer más adelante en un lugar inesperado, pero sigue siendo parte de la misma estructura. Por eso, muchas veces, hablar o escribir se vuelve un recorrido.No siempre llego rápido al punto, a veces necesito pasar por varios nodos antes.
No porque no sepa a dónde voy, sino porque así llego.
Cuando se fuerza la linealidad (cuando se exige orden inmediato, conclusiones rápidas, respuestas cerradas) este tipo de pensamiento se bloquea.
No por incapacidad, sino porque se interrumpe el movimiento natural. Entender que pensar así no es una falla, sino una forma distinta de procesar, cambia la relación con uno mismo.
No por incapacidad, sino porque se interrumpe el movimiento natural. Entender que pensar así no es una falla, sino una forma distinta de procesar, cambia la relación con uno mismo.
Ya no se trata de corregir el recorrido, sino de aprender a leer el mapa.
El rizoma no es desorden.
Es otra arquitectura.
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