enero 10, 2026

Amarillo (O la forma en que un color me grita)


Hay colores que se miran y
 otros que entran sin permiso.
El amarillo no se posa en mis ojos:
Irrumpe.
No pregunta si estoy listo.
No espera turno.
Es luz que no sabe bajar la voz.


No es que lo odie.
No es una postura estética.
No es una manía excéntrica.



Es que mi cuerpo lo recibe como recibe un ruido demasiado fuerte:
  • Con tensión
  • Con alerta
  • Con ganas de huir
Antes de que piense “no me gusta”, mi sistema nervioso ya dijo “basta”.

El cuerpo opina primero
El amarillo brillante (El saturado, el chillón, el que parece sonreír demasiado) me cansa.
No me pone feliz.
Me desgasta.
Es como si todo se volviera más ruidoso sin hacer sonido, como si la vista tuviera volumen.

Nota al margen (con humor, porque si no lloro)

Las películas de los Minions son una tortura visual legalizada.
No porque sean malas o porque no entienda el chiste. Sino porque es: amarillo sobre amarillo, movimiento constante, estimulación sin descanso.
Me río, sí. Pero termino saturado, como si hubiera estado en una fiesta a la que nadie me avisó que duraría tres horas más. 
“Pero es solo un color…”
Eso dicen quienes no lo sienten. Para algunos, el amarillo es sol, para mí, es exposición.

No duele como una herida, duele como la gota constante que no te deja bajar la guardia.
Y lo difícil no es evitarlo, es que te crean cuando dices que algo tan “simple” también puede agotar.

Masking en tonos brillantes

Durante años hice lo que sabía hacer: aguantar.
  • Mirar aunque incomodara.
  • Quedarme aunque cansara.
  • No decir nada para no parecer exagerado.
Hasta que entendí algo incómodo pero liberador: Soportar no es lo mismo que estar bien.
Que pueda con algo no significa que deba cargarlo.

Ajustar la luz no apaga el mundo

Evitar el amarillo no es capricho.
  • Es cuidado.
  • Es elegir un entorno donde mi cuerpo no esté en guerra constante.
  • Donde mirar no sea un esfuerzo.
  • Donde existir no implique resistencia.
  • No es rechazar la vida.
  • Es hacerla habitable.

El amarillo no es malo, pero conmigo, no es neutral  y aprender eso (Aceptarlo sin disculpas) ha sido parte de dejar de pelear conmigo mismo. 
Porque escuchar al cuerpo no me hace frágil.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario