enero 09, 2026

Aprender a no disculparme por sentir


 Me disculpo antes de que alguien se incomode.

  • Me disculpo por existir con volumen.
  • Por reírme mucho.
  • Por no reírme.
  • Por llorar.
  • Por no saber por qué estoy llorando.
  • Me disculpo por escribir demasiado.
  • Por tardar en responder.
  • Por no tener palabras.
  • Por tener demasiadas.

Durante mucho tiempo aprendí que sentir tenía que venir con una advertencia.

“Perdón si soy intenso.”

“Perdón si exagero.”

“Perdón, no era para tanto.”


Como si la emoción fuera una falta o mi experiencia necesitara permiso.

El problema nunca fue sentir sino cómo me enseñaron a medirlo.

Sentir mucho era “demasiado”.

Sentir poco era “frío”.

No saber explicar lo que sentía era “confuso”.

Nunca había una forma correcta. Siempre estaba fuera del punto medio y así nació una idea peligrosa:

“Si no puedo sentir como los demás, entonces debo disculparme por cómo siento yo.”

Hay emociones que me llegan como una ola: Intensas, claras o sin matices.

Y hay otras que llegan como neblina.

  • No sé nombrarlas.
  • No sé dónde empiezan ni dónde terminan.
  • Solo sé que están ahí.

Y ambas versiones parecen estar mal vistas.

Con el afecto pasa lo mismo.

  • Sentir mucho apego puede verse como dependencia.
  • Sentirlo distinto puede verse como frialdad.

No saber decir “te amo” de la forma esperada parece significar que no siento suficiente.

Pero no es falta de emoción, es otra forma de procesarla.

El “no tengo punto medio” no es un defecto, es una consecuencia de haber vivido tanto tiempo regulando emociones en silencio, acumulándolas, hasta que salen todas juntas o no salen en absoluto.

Disculparme se volvió un reflejo.

Una forma de decir:

“No te preocupes, ya me estoy encogiendo.”

Una forma de anticipar el rechazo antes de que llegue.

  • Pero sentir no es una agresión.
  • No es una molestia.
  • No es algo que deba justificarse.
  • Reír no necesita permiso.
  • Llorar no necesita explicación.

No entender lo que siento no me hace menos válido.

Estoy aprendiendo, lentamente, a cambiar el “perdón” por algo distinto.

A veces por silencio.

  • A veces por honestidad.
  • A veces solo por quedarme donde estoy

sin explicarme.

No tener punto medio no me hace incorrecto, solo un humano en un sistema que solo tolera lo predecible.

Y aprender a no disculparme por sentir no es volverme duro, es dejar de tratar mis emociones como si fueran un error.


No hay comentarios.:

Publicar un comentario