enero 07, 2026

Cuando hacer stimming parece incomodar (pero no a mí)



Hay un momento muy específico en el que te das cuenta de que algo no incomoda a tu cuerpo, sino a la mirada ajena.
  • Mover las manos.
  • Balancear el cuerpo.
  • Jugar con los dedos.
  • Repetir un movimiento.
Nada de eso me duele, altera o desregula, al contrario. Eso es regulación.

Durante mucho tiempo aprendí a frenar esos movimientos.

No porque me molestaran, sino porque alguien más los notaba.
  • Una mirada sostenida.
  • Un gesto raro.
  • Un comentario disfrazado de broma.
Ahí entendí el mensaje: “Eso no se hace.”
No porque fuera peligroso o hiciera daño.
Sino porque rompía la norma.


El stimming nunca fue el problema, el problema fue el contexto.
Un contexto que espera quietud, control y cuerpos contenidos.

Un cuerpo que se regula a la vista resulta incómodo porque no se puede ignorar.

Hoy, cuando dejo que el stimming ocurra, no lo hago como acto de rebeldía. Sino como acto de cuidado.
No estoy perdiendo control, estoy evitando perderme y si alguien se incomoda al verlo, no significa que esté mal.
Significa que no encaja con lo que aprendieron a considerar “normal”.
Hay una diferencia enorme entre: Hacer algo que daña y hacer algo que no sigue el guion
El stimming pertenece al segundo grupo.
  • No invade.
  • No lastima.
  • No exige participación.
Solo existe.
A veces noto el impulso de volver a esconderlo.

Pero ahora también sé esto:
  • Si reprimir mis stims tranquiliza a otros a costa de mi regulación, entonces la incomodidad
  • no es mía para cargarla.
  • No hago stimming para llamar la atención.
  • No lo hago para provocar.
  • No lo hago para explicar nada.
  • Lo hago porque mi cuerpo lo necesita.
Y eso, por primera vez, me importa más que parecer cómodo para alguien más.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario