
Hay un momento muy específico en el que te das cuenta de que algo no incomoda a tu cuerpo, sino a la mirada ajena.
- Mover las manos.
- Balancear el cuerpo.
- Jugar con los dedos.
- Repetir un movimiento.
Durante mucho tiempo aprendí a frenar esos movimientos.
No porque me molestaran, sino porque alguien más los notaba.- Una mirada sostenida.
- Un gesto raro.
- Un comentario disfrazado de broma.
No porque fuera peligroso o hiciera daño.
Sino porque rompía la norma.
El stimming nunca fue el problema, el problema fue el contexto.
Un contexto que espera quietud, control y cuerpos contenidos.
Un contexto que espera quietud, control y cuerpos contenidos.
Un cuerpo que se regula a la vista resulta incómodo porque no se puede ignorar.
No estoy perdiendo control, estoy evitando perderme y si alguien se incomoda al verlo, no significa que esté mal.
Significa que no encaja con lo que aprendieron a considerar “normal”.
Hay una diferencia enorme entre: Hacer algo que daña y hacer algo que no sigue el guion
El stimming pertenece al segundo grupo.
- No invade.
- No lastima.
- No exige participación.
A veces noto el impulso de volver a esconderlo.
- Si reprimir mis stims tranquiliza a otros a costa de mi regulación, entonces la incomodidad
- no es mía para cargarla.
- No hago stimming para llamar la atención.
- No lo hago para provocar.
- No lo hago para explicar nada.
- Lo hago porque mi cuerpo lo necesita.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario