enero 07, 2026

Tú lo percibes como cambio, pero solo dejé de reprimir quién soy



Hay una observación que aparece mucho después de un diagnóstico tardío:
“Has cambiado.”
  • A veces suena neutra.
  • A veces preocupada.
  • A veces crítica.
Pero casi nunca es precisa, porque lo que otros llaman cambio en realidad es menos represión.


“Te ves más autista” y la regresión de habilidades

Después del diagnóstico, aparece una lucha interna rara al bajar la guardia
  • Aparecen más rasgos
  • Alguien dice “antes no eras así”
  • Vuelve la duda
A eso muchos le llaman regresión de habilidades, pero no siempre es perder algo.
Muchas veces es dejar de sostener una actuación constante, no es que ahora no pueda... Es que ya no quiero pagar el costo.

Verse “más autista” no es retroceder es dejar de empujar el cuerpo más allá del límite
solo para parecer aceptable, cuando el autismo parecía imposible (porque no encajaba en el cliché)

Durante años pensé que el autismo no podía aplicarme lo que mostraban las películas y circulaba en redes. Conocía el estereotipo y como no encajaba ahí, bromeaba respecto a ello, lo descartaba y veía como algo lejano.

El diagnóstico no llegó como sorpresa total, fue más como confirmación incómoda.

OJITO, no cambió quién soy, solo el punto desde donde me entiendo.


Infantilización y el masking como escudo

Una de las razones por las que reprimí tanto fue el miedo a parecer infantil, aprendí rápido que lo “tierno”, lo expresivo y corporal se castigaba socialmente.

Así nació el masking para mi: Como protección, no como estrategia.
Ser serio, medido y correcto.
No porque fuera yo, sino porque era seguro.

Hoy, cuando bajo ese escudo, algunos ven inmadurez.
No es un cambio, es un ajuste y no, no me volví más autista.
Y si desde fuera parece que “ya no soy el mismo”, tal vez sea porque por primera vez no estoy intentando ser alguien más.

Cómo se vive ese “ajuste” en el día a día

El ajuste no se siente como un gran momento revelador y no llegó con fuegos artificiales ni  frases claras.
Se vive en cosas pequeñas como:
  • En dejar de forzarte un poco antes.
  • En notar el cansancio un poco más rápido.
  • En elegirte aunque no se vea lógico desde fuera.
Antes, el día estaba lleno de microdecisiones silenciosas:
  • ''No muevas tanto las manos''
  • ''Aguántate un poco más''
  • ''No es para tanto''
  • ''Ya luego descansas''
Ese diálogo no desaparece de golpe pero pierde autoridad.
El ajuste también trae incomodidad interna porque cuando dejas de apretar, aparecen preguntas nuevas:
  • “¿Siempre fue así?”
  • “¿Por qué ahora me molesta más?”
  • “¿Estoy exagerando?”
Y la respuesta casi nunca es que exageres, es que antes estabas ignorando señales.
El cuerpo no se volvió más sensible, se volvió escuchado.  Hay días en los que el ajuste se siente como alivio y otros en los que se siente como torpeza social.
  • Porque ya no reaccionas como esperaban.
  • Porque dices “no” más seguido.
  • Porque te vas antes.
  • Porque te mueves distinto.
Y eso se nota.

Pero lo que otros perciben como rareza para mí suele ser sostenibilidad.
El ajuste no es comodidad constante, es aprender a vivir sin pagar intereses emocionales
todos los días.

Me hace menos agotado y aunque desde fuera parezca que “ya no soy el mismo”,
desde dentro, por primera vez siento que no me estoy abandonando. 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario