
“No pareces autista.”
Casi siempre viene con buena intención, a veces incluso como un halago.
Pero nunca es neutra, porque “no parecer” suele significar que aprendí a adaptarme, a leer reglas invisibles, a copiar gestos, tonos y silencios hasta que el cuerpo se cansa… pero no se nota.
No parecer autista no significa que no lo sea, significa que el costo ocurre por dentro.
No parezco autista porque durante mucho tiempo, pasar desapercibido fue sinónimo de éxito.
- un poco tenso
- un poco alerta
- un poco actuando
Pero nadie pregunta qué tan caro fue aprenderlo.
“Pero sí lo eres”
El problema es que el cuerpo no olvida.
A veces los stims aparecen. A veces me doy cuenta de cómo me muevo, de cómo balanceo las manos, de cómo mi cuerpo busca regularse sin pedirme permiso.
Y entonces llega esa vergüenza rara, no la vergüenza de existir, sino la de notarme existiendo.
La vergüenza de pensar:
“Ahora sí parezco autista.”
“Ahora sí se va a notar.”
Después de años intentando no parecerlo, cuando el cuerpo habla, la mente entra en pánico.
No porque esté mal, sino porque no estaba planeado.
Estar en medio de todo
Ahí aparece la paradoja.
No encajo del todo en lo neurotípico, pero tampoco encajo en la idea que muchos tienen de lo que es “ser autista”.
Estoy en medio.
No parecía autista la mayor parte del tiempo pero por años me dediqué a vigilarme, corregirme en tiempo real, a convertir mi persona en una mascara que nunca debía fallar.
Años de sobrevivir bajo el estigma me enseñaron que mientras pudiera rendir, no tenía derecho a quejarme ''Porque no es la gran cosa''
Que mientras funcionara, mi cansancio no contaba porque aquello que me agotaba parecía insignificante ante las expectativas.
Aprendí a existir a escondidas
Cuando el cuerpo empezó a traicionarme,
cuando los stims aparecieron,
cuando el ruido dolió y ya no pude fingir normalidad.
La vergüenza no vino de ser autista, vino de descubrir que solo era aceptable cuando dejaba de ser yo.
El grado 1 no es “leve'', es soportable para otros y devastador para uno.
Es estar siempre en medio: demasiado funcional para merecer apoyo, demasiado diferente para descansar, demasiado consciente para no darse cuenta de todo lo que se pierde intentando encajar.
No parecer autista me enseñó a sobrevivir, pero me costó aprender que también tenía derecho a existir sin esconderme.
No parecía autista la mayor parte del tiempo pero por años me dediqué a vigilarme, corregirme en tiempo real, a convertir mi persona en una mascara que nunca debía fallar.
Años de sobrevivir bajo el estigma me enseñaron que mientras pudiera rendir, no tenía derecho a quejarme ''Porque no es la gran cosa''
Que mientras funcionara, mi cansancio no contaba porque aquello que me agotaba parecía insignificante ante las expectativas.
Aprendí a existir a escondidas
Cuando el cuerpo empezó a traicionarme,
cuando los stims aparecieron,
cuando el ruido dolió y ya no pude fingir normalidad.
La vergüenza no vino de ser autista, vino de descubrir que solo era aceptable cuando dejaba de ser yo.
El grado 1 no es “leve'', es soportable para otros y devastador para uno.
Es estar siempre en medio: demasiado funcional para merecer apoyo, demasiado diferente para descansar, demasiado consciente para no darse cuenta de todo lo que se pierde intentando encajar.
No parecer autista me enseñó a sobrevivir, pero me costó aprender que también tenía derecho a existir sin esconderme.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario