
Hay días en los que una comida es segura, la he comido antes y sé cómo sabe.
Sé cómo se siente y aun así… Algo cambia.
El problema no es “ser quisquilloso”.
El problema no es “no querer comer”.
Un bocado basta para que el cuerpo diga no.
Y cuando eso pasa:
Si esto cambió sin avisar, ¿Qué más puede cambiar?
Sé cómo se siente y aun así… Algo cambia.
- No es visible.
- No siempre es el olor.
- A veces es la textura.
- A veces es el sabor.
- A veces es algo que no sé nombrar.
El problema no es “ser quisquilloso”.
El problema no es “no querer comer”.
El problema es que el sabor no avisa.
Una crema que ayer estaba bien hoy sabe agria.
Un arroz que siempre fue neutro hoy raspa.Un bocado basta para que el cuerpo diga no.
Y cuando eso pasa:
- No se negocia
- No se razona
- No se fuerza
Si esto cambió sin avisar, ¿Qué más puede cambiar?
Hay una idea muy extendida de que “si tienes hambre, comes”, pero en mi experiencia, el hambre no gana cuando el cuerpo entra en alerta.
- Comer deja de ser alimento.
- Se vuelve esfuerzo.
- Se vuelve resistencia.
- Se vuelve agotamiento.
Y a veces, lo más amable que puedo hacer por mí es dejar el plato aunque esté lleno.
- No es drama.
- No es capricho.
- No es falta de voluntad.
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