
Para algunas personas, una etiqueta es una carga.
Algo que encasilla, que limita, que reduce.
Para mí, una etiqueta es un mapa.
El diagnóstico no me convirtió en alguien distinto, le dio nombre al cúmulo de cosas que cargué durante años con tristeza, molestia y vergüenza.
Para mí, una etiqueta es un mapa.
El diagnóstico no me convirtió en alguien distinto, le dio nombre al cúmulo de cosas que cargué durante años con tristeza, molestia y vergüenza.
No me volví “solo autista”, dejé de verme como alguien defectuoso sin explicación.
En eso de decir “tener autismo”, y no… No es algo que tengo.
No es gripe.
No llegó un día.
No se va a ir otro.
Es una forma de procesar el mundo, sentirlo e interpretarlo.
Así he sido siempre, incluso cuando no lo sabía.
No uso el diagnóstico como presentación.
No voy por la vida anunciándolo.
No es lo primero que digo ni lo único que soy.
Soy persona.
Y además, soy autista.
“Tener” o “ser”
He pensado mucho en el lenguaje.En eso de decir “tener autismo”, y no… No es algo que tengo.
No es gripe.
No llegó un día.
No se va a ir otro.
Es una forma de procesar el mundo, sentirlo e interpretarlo.
Así he sido siempre, incluso cuando no lo sabía.
Decir “soy autista” no me reduce, me describe con honestidad..jpg)
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El orden como alivio, no como obsesión
Escribo esto no porque todo en mi vida gire en torno al TEA.Sino porque mucho de mi dolor sí giró en torno a no saberlo.
Ponerle nombre a lo que me pasaba no me encerró, me dio aire.
No me quitó complejidad, me devolvió coherencia.
No todo lo que soy cabe en una palabra.
Porque necesito ordenar para respirar.
Porque cuando entiendo, el ruido baja.
Porque clasificar no me aleja de lo humano: me permite quedarme.
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