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julio 31, 2026

Sonidos: cuando el ruido no es solo ruido


Antes de comenzar, una pequeña aclaración: Lo que compartiré aquí nace de mi experiencia como una persona autista, no pretende representar a todo el espectro, porque cada cerebro vive el mundo de una forma distinta.

Hay algo curioso sobre mí, me gustan las voces.
De hecho, son una de las cosas que más recuerdo de las personas, mi memoria nunca ha sido especialmente buena para guardar nombres y, con el paso del tiempo, incluso los rostros pueden volverse borrosos. Las voces, en cambio, permanecen. 

Hay personas a las que podría reconocer únicamente por la forma en que pronuncian una palabra, por su risa o por el ritmo con el que hablan. Por eso, cuando digo que el sonido es probablemente mi mayor dificultad sensorial, muchas personas se sorprenden.

No es porque odie escuchar a la gente, es porque llega un momento en el que las voces dejan de ser voces y se convierten en ruido.

Cuando varias personas hablan al mismo tiempo, cuando dos conversaciones distintas se cruzan, cuando alguien intenta explicarme algo mientras otra persona ríe detrás de mí, mi cerebro deja de separar los sonidos con facilidad. Todo parece llegar con la misma importancia, como si cada voz estuviera intentando ocupar el primer lugar, mi atención intenta seguirlas a todas y termina sin poder seguir ninguna.

Es difícil describir cómo se siente desde dentro.

No es simplemente "hay mucho ruido". Es sentir que la recepción de datos se satura, como si intentaras leer cinco libros diferentes al mismo tiempo mientras alguien cambia las páginas sin preguntarte. 
Sabes que toda esa información existe, pero tu cerebro ya no alcanza a organizarla.

Hace algunos meses fui por un helado, eso era todo, no iba a resolver un examen ni a tomar una decisión importante. Solo quería comprar una nieve de chocomenta, mi sabor favorito.

 Incluso llevaba el pedido completamente memorizado antes de llegar a la caja , cuando llegó mi turno, todo empezó a desordenarse porque había personas haciendo fila, niños gritando, conversaciones cruzándose unas con otras, el ruido de las máquinas, gente riendo y los sonidos de la calle entrando por la puerta. La chica que me atendía me estaba hablando, pero su voz ya no sobresalía del resto. 
Todo llegaba al mismo tiempo.

Entonces ocurrió ese pequeño cortocircuito que, por desgracia, conozco bastante bien.
Mi mente seguía sabiendo perfectamente lo que quería pedir
Mi boca decidió pedir otra cosa

En lugar de decir chocomenta, pedí chochips, lo más curioso es que ni siquiera sé de dónde salió esa palabra, supongo que alguien cerca de mí mencionó ese sabor y mi cerebro la atrapó entre todo el ruido. 
Lo peor vino cuando la empleada quiso confirmar mi pedido, volví a decir chochips.
Por suerte, fue muy amable y entendió que había ocurrido una confusión y cambió el helado por el sabor que realmente quería, salí con mi nieve de chocomenta pero también completamente saturado y con ganas de llorar.

No porque me hubiera equivocado de sabor, sino porque me avergoncé de no haber sido capaz de hacer algo que, para la mayoría de las personas, parece tan simple como "ir por un helado" y esa sensación aparece más veces de las que me gustaría admitir.

La vergüenza de sentirte incapaz de hacer algo que el mundo considera insignificante mientras, al mismo tiempo, eres capaz de resolver problemas mucho más complejos. 

Entonces llegan los comentarios de siempre:
"No entiendo cómo puedes hacer eso si ni siquiera puedes hacer esto otro."
"Eso es facilísimo."
"No tiene chiste."
Durante mucho tiempo llegué a creer que quizá tenían razón, hoy entiendo que no.
Cada cerebro tiene fortalezas y dificultades distintas, las capacidades humanas no vienen en una lista ordenada de "fácil" y "difícil". Lo que para una persona ocurre de forma automática, para otra puede requerir un enorme esfuerzo y también sucede al revés.

Por eso quiero hacer una pequeña pausa antes de continuar.
 
Aunque esta entrada nace desde mi experiencia como persona autista, no está escrita únicamente para personas autistas o neurodivergentes. También está dedicada a cualquiera que alguna vez se haya sentido avergonzado de sí mismo por no cumplir una expectativa sobre cómo "debería" funcionar. 
A quien se sintió menos capaz por tropezar con algo que todos llamaban sencillo. 
A quien llegó a pensar que había algo malo en él simplemente porque su dificultad era visible y su esfuerzo no.

Porque la vergüenza de no encajar en una expectativa no pertenece a un diagnóstico, pertenece a la experiencia profundamente humana de compararse con un mundo que demasiadas veces olvida que no todos empezamos desde el mismo lugar.

Aquel día salí de la heladería pensando que había fracasado en algo tan simple como pedir un helado, hoy entiendo que nunca fue un problema de inteligencia, de esfuerzo o de ganas.
Solo era un cerebro intentando procesar un mundo demasiado ruidoso.

Ahora quiero leerte.
¿Qué momento aparentemente "simple" te hizo sentir que no estabas a la altura de los demás?
Si te sientes cómodo compartiéndolo, déjalo en los comentarios. Quizá, sin darte cuenta, termines convirtiéndote en la persona que alguien necesitaba encontrar para dejar de sentirse tan solo.

4 comentarios:

  1. Cuando trabajaba en una oficina me quedé congelada un día que había mucha gente ahí. Fue demasiado ruido para mí y no logré continuar con lo que hacía, solo me quedé sentado en la silla mirando la pantalla y moviendo el mouse sin rumbo.

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    1. Ese tipo de estado se siente horrible, cuando aún me pasa intento anclarme a alguna textura, mis manos, mi ropa o lo que tenga a la mano.
      Y respirar, por muy básico que suene a veces es lo que mas cuesta, es cuestión de práctica el poder identificar dicho estado y lograr anclarte para no terminar en una crisis.
      Espero que estés mejor ahora, un abrazo!

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  2. Algunas veces, cuando paso mucho tiempo interactuando con la gente y me rodean muchos estímulos, me vuelvo incapaz de hablar. Es muy doloroso porque tengo que obligarme a hacerlo, a estructurar sonidos y palabras una por una y aun así, por mas que me esfuerce no logro hacerlo bien. Me hace sentir un poco mal el hecho de que me pase eso por algo que a las demás personas les da igual y el hecho de que después cuando realmente quiero expresarme, no puedo por haberme extralimitado. Entonces piensan que estoy molesta porque no hablo pero solo estoy cansado. :(

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    1. Comprendo un poco lo que cuentas, mi ''batería social'' suele ser muy limitada y se ve afectada igualmente por estímulos (Sobre todo si se trata de socializar en un lugar público) hay días que puede sentirse demasiado incluso que las voces de mezclen entre si durante una conversación.
      No puedo decirte que es obligatorio socializar, pero en dado caso de que te sientas en obligación lo lo hagas intenta tener una rutina de ''recarga'' después
      A mi me funciona tener una playlist relajante para la noche, un juguete sensorial que pueda apretar, retocer o incluso morder para descargar la tensión y a veces añado recostarme en poses poco comunes que simplemente se sienten bien (Hay poses tan absurdas como estar acostado, de pie o sentado con un brazo estirado hacia arriba... existiendo)

      Espero te encuentres bien el día de hoy, un saludo de foca para ti!

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